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lunes, 28 de junio de 2010

Honduras, un año después….en la ruta de la victoria


*Por Ida Garberi

“Alta es la noche y Morazán vigila”.
Pablo Neruda
“¡Queremos a Mel!”, “¡No al golpe de Estado!”, “¡Nos tienen miedo porque no tenemos miedo!”…… son algunas de las frases que brotan de los altavoces de la Resistencia y llegan hasta Casa Presidencial, ocupada por los golpistas, en Tegucigalpa, Honduras.
El presidente elegido por el pueblo, Manuel Zelaya Rosales, fue secuestrado de 200 militares y desterrado en Costa Rica.
Es el 28 de junio de 2009, en la madrugada de este domingo, en el país centroamericano empieza una oscura pesadilla, que todavía hoy, después de un año es bien lejos de su fin.
Estamos enfrascados en un verdadero golpe de estado cívico-militar.
La destitución inconstitucional del presidente hondureño deja entrever que las estructuras políticas sobre las que se asentaron todas las dictaduras que marcaron la historia latinoamericana a través de décadas, no han desaparecido.
Si alguien osó pensar en algún momento que en el continente se habían registrado cambios profundos en esa estructura, este golpe viene a demostrar lo contrario. Nada ha cambiado en lo profundo, y las relaciones de fuerza no se han alterado. Los grandes propietarios nacionales (terratenientes tradicionales y empresariados modernos, a los que se pueden sumar las nuevas aristocracias ligadas al nuevo capitalismo crecido en torno al negocio del narcotráfico) siguen siendo tan reaccionarios como décadas atrás, y cuando existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, que su situación de privilegio pueda ser siquiera rozada, reaccionan monolíticamente por olfato de clase.
Reaccionan liquidando lo que se les ponga delante, castigando al presunto “comunista” de turno, al que ose ya no cuestionar su poder (léase expropiaciones, reforma agraria) sino intentar algunos cambios.
La matrícula gratis, la merienda escolar, el bono solidario, la reducción del precio y el subsidio de los combustibles, la aplicación de la norma de los 60° para la comercialización del combustible, el rescate de las empresas públicas: ENEE y HONDUTEL; la baja en la tasa de interés bancario, el bono tecnológico agrícola, la sustitución gratuita de bombillos ahorradores de energía, los programas masivos de alfabetización, el financiamiento a la microempresa, la veda en el corte del bosque, la prohibición de la minería a cielo abierto, la energía eléctrica gratuita para las 700 mil familias más pobres del País, el incremento de las reservas internacionales, la oposición a la devaluación de la moneda (lempira) frente al dólar, la incorporación a PETROCARIBE y a el ALBA y el incremento en un 60% del salario mínimo a toda la clase trabajadora, alcanzando de $ 150 a $230 dólares americanos al mes; son sólo una muestra de las acciones del Gobierno de Manuel Zelaya en beneficio del interés nacional y sobre todo de los más pobres.
No podemos  ser tan ingenuos de no pensar que la “Mano Pachona” del imperio norteamericano no está escondida atrás de este infame ataque a la democracia.
Se sabe hace años, que la USAID de Honduras, agencia desestabilizadora norteamericana, como todas las del continente, trabaja en estrecha colaboración con la Embajada de Estados Unidos, y utiliza  el Movimiento Paz y Democracia como uno de sus tentáculos; bajo la cobertura de sus proyectos supuestamente humanitarios, la agencia norteamericana participa, bajo la autoridad de la CIA, en la búsqueda de información, a la propagación de falsas noticias, a la subversión, a la captación de agentes, a la creación de grupos de opositores mercenarios, a golpes de estado y a toda una serie de tareas destinadas a desarrollar, extender, apoyar los planes injerencistas del poder imperial.
El movimiento hondureño con el cual trabaja es la Unión Cívica Democrática, un grupo dirigido por empresarios de corte neofascista, conexa a la extrema derecha boliviana.
Indudablemente los dos hechos que principalmente movieron Barck Obama a apoyar tácitamente el golpe de estado en Honduras fueron el proyecto del rescate de la Base Militar USA de Palmerola por un aeropuerto civil y la negativa a la autorización de la abertura de la base naval, siempre EE.UU., en la costa del Caribe, en La Mosquitia, frente a Nicaragua, como siempre, justificada con una dudosa lucha contra el narcotráfico.
Claramente con las elecciones espurias del noviembre del 2009 y la instalación de un presidente de facto, el sig. Porfirio Lobo, la base de Palmerola se mantuvo y en el abril del 2010 se inauguró la base naval en La Mosquitia.
Del punto de vista del pueblo, todas las conquistas conseguidas fueron borradas por los voraces empresarios neonazis que pertenecen a las diez familias que gobiernan el país obstaculizan  una solicitud más que legitima del pueblo: la convocación a una Asamblea Constituyente, para reformar a una de las Constituciones más retrógradas de la región.
Aparentemente ésta fue la razón de la decisión de destruir el orden constitucional, aunque sabemos bien que los verdaderos motivos fueron los que tocaron los intereses norteamericanos.
Esta gran lucha por el poder trajo casi un centenar de muertos en el pueblo, que el mismo domingo del golpe, para oponerse a la violencia fascista, fundó el Frente Nacional contra el golpe de estado, que cambió sucesivamente nombre y ahora es el Frente Nacional de Resistencia Popular.
Esta nueva fuerza política que los dinosaurios del poder en Honduras no quieren reconocer ya tiene ampliamente demostrado que el bipartidismo perdió su poder absoluto y tendrá que contar con esta nueva y vital fuerza política.
Su objetivo principal es llevar la fuerza del pueblo, de los excluidos, de los que tuvieron siempre que bajar la cabeza al poder, trabajar para que los ciudadanos hondureños de la base, los verdaderos dueños de su nación, puedan gozar con justicia de todos los frutos que un país muy rico en recursos naturales puede regalar.
Todo esto claramente no se puede alcanzar sin conseguir justicia e indemnizaciones por los millares de mártires que el gobierno golpista torturó, violó y mató. Por este motivo es fundamental el trabajo de la Comisión de Verdad que la Plataforma de los Derechos Humanos instalará a exactamente a un año del golpe asesino.
¿Pero, qué nos enseñó este terrible zarpazo de la bestia fascista?
El caso de Honduras muestra que las grandes mayorías populares siguen estando a merced de las acciones criminales de la derecha, la cual puede con mucha facilidad montar los escenarios necesarios para golpear con contundencia. Muestra que, más allá de las buenas intenciones de un “nunca más” que circuló por el continente luego de retiradas las últimas dictaduras del siglo pasado, nada garantiza con simples declaraciones políticas que efectivamente nunca más puedan repetirse escenarios de represión, de sangre y de guerras sucias internas y que la lucha popular sigue estando al rojo vivo.
Lo que ocurrió en Honduras nos obliga a pensar y a volver a ver los proyectos de los hombres y mujeres de buena voluntad, a estudiar otra vez el camino por otro mundo posible, que, indudablemente, conduce a la ruta de la victoria.

*Ida Garberi
Periodista defensoresenlinea.com



Lobo califica de ''empujoncito'' golpe de Estado contra Zelaya



 


Caracas, 27 Jun. AVN.- El presidente ilegítimo de Honduras, Porfirio Lobo, calificó el golpe de Estado contra el mandatario constitucional de esa nación centroamericana, Manuel Zelaya, como un "empujoncito", y aseguró que la verdadera intención del derrocado gobernante era perpetuarse en el poder, algo que calificó como un "abuso" de autoridad.

"Puede ser un empujoncito o golpecito, como le llamen”, dijo Lobo en una entrevista exclusiva concedida a la enviada especial de teleSUR, Madeléin García, según nota de prensa publicada en el portal web de la cadena multiestatal de comunicación.

Lobo también desestimó la posibilidad de que la Comisión de la Verdad, conformada en mayo pasado para investigar el golpe de Estado contra Zelaya el 28 de junio de 2009, concluya que sí hubo una ruptura del orden constitucional.

A su juicio, lo más importante no es determinar si se produjo o no un golpe de Estado, sino evaluar los aspectos previos que desencadenaron la crisis que derivó en la instalación por siete meses de un gobierno ilegítimo, porque éste "no surge de la nada" .

"Ahí el tema no es la discusión de si es un golpe o no es un golpe. Es más un tema de conceptos, que genera a veces muchas confrontaciones. Porque yo dije que era un golpe aquí, y se vino el mundo encima. A mí no me importa. Aquí el problema es que sea lo que sea, la crisis no surge de la nada", dijo.

Insistió en que Zelaya quería prolongar su mandato y que "abusó al extremo" de su poder. "La verdad es que el amigo de atrás, el amigo Zelaya abusó del poder, abusó al extremo, y yo le garantizo a usted que él se quería quedar, y no hay nada que me lo saque de la cabeza", declaró.

Lobo fue electo en controvertidos comicios realizados bajo un régimen golpista en noviembre de 2009, y que se caracterizaron por denuncias de represión, desapariciones, hostigamiento y persecuciones, además de un abstencionismo que superó 60%.

Es sucesor de la dictadura de Roberto Micheletti, quien llegó al poder de manera fraudulenta gracias al golpe de Estado contra Zelaya.

En opinión del mandatario hondureño, desconocido por gran parte de la comunidad internacional, la verdadera importancia del informe de la Comisión de la Verdad es que será una "narración de los hechos" antes, durante y después del 28 de junio de 2009, y que hará las recomendaciones para que "lo que pasó el 28 no se vuelva a repetir"

La madrugada del 28 de junio de 2009, un comando de militares encapuchados irrumpió en la vivienda de Zelaya, lo secuestró y trasladó en un avión a la vecina Costa Rica, donde llegó sin nada más que su ropa de cama.

Lobo se mostró en desacuerdo con lo que le sucedió a Zelaya y con las sanciones internacionales originadas tras el golpe, pues estima que ellas perjudican a los inocentes.

"No estoy de acuerdo ni con Zelaya, ni con lo que le pasó a Zelaya (...) Yo creo que nadie aquí, quizás algunas excepciones, pudiera desear que sucediera lo que pasó. ¿Y sabe por qué? Porque de estas crisis el que paga es el que es totalmente inocente. No es a Pepe Lobo a quien tienen bloqueado. Yo soy el Presidente de Honduras. Al que bloquean es a un pueblo que no tiene ninguna responsabilidad en las crisis políticas", dijo.

También negó rotundamente que su administración sea ilegítima. "Ahora, que se diga que este Gobierno es ilegítimo, que surge de un golpe de Estado, eso no es cierto, no es correcto y están equivocados. Este Gobierno surge de la voluntad del pueblo hondureño expresada en las urnas, tal como lo señalan nuestra Constitución y las leyes".

Lobo aseguró, por otro lado, que Zelaya tiene plena libertad de llegar a Honduras, "y nada le va a pasar. Es más, para ponerle fin a todo este debate, yo voy allá, lo traigo, entra conmigo bajo mi responsabilidad, nadie lo va a detener y va ser escuchado en libertad", declaró.

Ante la interrogante sobre qué le venía a la mente cuando escuchaba la fecha 28 de junio de 2009, expresó: "Lo que puedo recordar es que empezó un calvario para el pueblo hondureño".
Boletin   21:28    27/06/2010 

 

Lo primero es lo primero

Efrén D. Falcón

Hay mucho que elaborar ante la pregunta ¿qué es lo quieren los hondureños?, si bien, la respuesta acertada probablemente contenga elementos universales que compartimos con el resto de la humanidad. Obviamente, para los países cuya mayoría de habitantes son pobres, las prioridades podrían ser un tanto diferentes que para las personas que viven en sociedades más civilizadas y menos excluyentes donde la educación completa, la disponibilidad eficiente de un sistema de salud organizado, el acceso a la cultura, la participación ciudadana en decisiones que atañen a la generalidad, el respeto de las leyes y la posibilidad de un salario que permita cubrir lo indispensable —y un poco más— como contraparte a un trabajo digno son parte de la vida diaria. Pero al final, los seres humanos aspiramos a la felicidad, a la satisfacción personal, a la paz, a la seguridad, a alcanzar metas, a contribuir con la sociedad —local o global— a que pertenecemos.

En Honduras, como en muchos países del mundo, aquello que establece nuestra Constitución vigente en su Art. 1 no es más que una utopía [Honduras es un Estado de derecho, soberano, constituido como república libre, democrática e independiente para asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social.], y convierte a la totalidad de nuestra ley fundamental en papel mojado —aunque no por ello inútil—, pues nuestra sociedad siempre ha estado a una distancia muy grande de alcanzar los estadios de bienestar que se establecieron como fin primordial de la conformación del Estado hondureño.

Visto desde el interior, una de las desgracias más grandes de nuestra sociedad, es que, en general, las personas que gozan de un relativo bienestar económico y social, que han tenido acceso a la educación superior y que se las arreglan bien para procurarse salud —una gran parte de clase media, que no es mayoría en el país—, carecen de cultura política y desconocen a profundidad la deuda social que su posición implica. Nuestra clase media, de la cual soy parte, vive soñando con escalar social y económicamente, y pone todo su empeño en esa meta, que no es condenable, pero que debería ser parte implícita de su buen hacer, y nunca un simple plan la vida. Consecuentemente, personas honestas, capaces, preparadas y pensantes crecen en una burbuja que no les permite ver claramente la realidad de la cual son parte, y les es muy difícil entender la verdadera relación entre el bienestar general y un futuro promisorio para ellos y sus descendientes. Lo único que parece afectarlos es la inseguridad: el crimen común y organizado, pero casi se las arreglan para convivir con ello, al comprar una porción de seguridad, pero sin comprender en el fondo cuál es la manera de resolver ese síntoma de descomposición social. Esta clase media “exitosa” sortea más o menos bien los vaivenes de una economía pordiosera, desequilibrada y excluyente, debido a sus relaciones directas e indirectas con los intocables círculos del poder económico-político. Empero, pocos se dan cuenta, que lo que reciben del sistema son migajas, a cambio de su profesionalismo, su entrega, su fidelidad y su ceguera.

Ahora, en el ámbito político la cosa es más caótica, porque no existe la ética, no hay moral, y mucho menos honor. En sus esferas bajas e intermedias la política se convirtió en una carrera de mediocres ambiciosos dispuestos a todo para llegar lo más alto posible, mientras la cúpula política se confunde y se funde con un empresariado burdo que no ha aprendido a medir las consecuencias de sus actos. Se maneja con hipocresía y cinismo la pobreza y la necesidad; se hace gala de una conciencia social superflua —que citan a discreción y sin mesura— pero que se guardan en el bolso Prada o en la cartera Armani cuando no están hablando en público para citar cifras como si ellos hubieran descubierto la indigencia.

Si escaneamos la situación actual, nos encontramos con una coyuntura gigantesca e histórica: un golpe de Estado, condenado por el mundo entero, que acelera el surgimiento de un movimiento social cuya extensión no tiene parangón en la historia nacional. A ese fenómeno se le llama Resistencia: resistencia contra el golpe de Estado, y contra un sinfín de irregularidades harto conocidas. En pocas palabras, resistencia contra el actual orden económico-político y social. Vientos cada vez más recios de cambio.

La misma coyuntura, por múltiples razones, arrojó a la historia política hondureña un líder cuya dimensión improbable está íntimamente ligada con el tamaño de la afrenta que el sector conservador-radical infringió al pueblo con la ruptura constitucional y la degradación total de las instituciones de derecho, dolorosamente anegadas con la sangre de la violación continúa e imperante de los derechos humanos de la ciudadanía.

Mientras tal líder no reciba el tratamiento que le corresponde, como ex Presidente y como ciudadano, y un cambio cualitativo en la institucionalidad —aún regida por los perpetradores del “golpe”— no garantice un proceso transparente, apegado al espíritu del derecho y justo, el país no podrá emprender un verdadero camino de reconciliación y unidad. Si tal ciudadano es culpable de los crímenes que se le imputan, después de un proceso correcto, deberás cumplir la condena que la sociedad imponga; de lo contrario, debe garantizarse la seguridad personal que le permita atender el llamado de esa misma sociedad, sin transgredir la ley vigente.

Por otro lado, las personas que intentan dar dirección a ese fenómeno de masas que desató la coyuntura del 28 de junio son meramente circunstanciales, y debemos valorar su labor, su trayectoria y su disposición para contribuir a consolidar la Resistencia, pero debemos asumir que existe una verdadera ausencia de liderazgo, porque a esta fecha, exactamente después de un año, ninguno de ellos —ni otros que se han acercado— parece estar en posición de tomar el sitial de un gran elector.

Es urgente entender que la radicalización y la exclusión son vicios políticos, y no pueden ser parte de esta nueva historia. El oportunismo, la mezquindad y el pensamiento caudillista deben desaparecer. Figurar no lleva a ninguna parte si nuestra participación se vuelve un escollo y no una escalera para el cambio. Las metas y los propósitos deben tener una lógica consecuente con la realidad. Debemos entender que para estructurar un cambio profundo en las leyes del país se debe tener control del proceso, y no podemos participar en él como una minoría, siendo una mayoría [que es el panorama que actualmente parece ir conformándose]. Y no podemos tener control sin obtenerlo antes en las urnas.

Lo sensato es participar de lleno, con la fuerza de una mayoría que se manifiesta inobjetable, en los próximos procesos electorales; y de esa manera tomar la cuota de poder que verdaderamente corresponde. En esencia, la Resistencia es un frente amplio heterogéneo, y como tal debe mantenerse. Pero participar para triunfar significa prepararse: planificar, organizar, trabajar en orden y tomar decisiones a tiempo, previo cuidadoso análisis. Se requiere enfoque. Priorización certera. Lo primero es lo primero, que lo que sigue vendrá por añadidura. Si priorizamos erróneamente, se repetirá la historia de noviembre de 2009, cuando se consideró que lo más sensato era retirarse de las elecciones, aun siendo mayoría; ante la falta de preparación previa y otras consideraciones objetables que no vale la pena discutir aquí. El tiempo es corto —muy corto— y parece que no entendemos que en circunstancias normales, nada bueno se puede lograr por arte de magia o por la vía de la improvisación.

Por supuesto, escoger entre las huestes de la Resistencia a los representantes del cambio deberá ser una labor de cuidado quirúrgico: ni oportunistas, ni ambiciosos amorales, ni personas de dudosa reputación; necesitamos representantes serios, preparados, comprometidos con el objetivo de brindar a todos sus conciudadanos “… el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social.” Las fuerzas que se oponen al cambio, son poderosas y están bien asesoradas y organizadas, recordemos que la geopolítica juega un papel preponderante en nuestra realidad, y solo una estrategia sólida e inteligente nos permitirá lograr el objetivo final: una nueva Honduras. «Los que queremos el cambio somos cada día más, pero es necesario encontrar representantes que estén a la altura de este momento histórico, para que no se repita la historia.» Amén.

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